Quiero que lean ahora las primeras notas de Margarita después de las emociones compartidas en casa de Mabelín:
La tarde se hizo noche, sin
sentirlo. Llovía, el calor se transformaba en fresco anochecer, pero las seis mujeres arropadas por la poesía no sintieron más que sus voces y sus versos.
Unidas Josefina, Greta, Mabel (madre e hija), Raquel y Margarita, en varias
rondas de lecturas…
Nos reunimos en casa de
Mabel sin previo aviso. Josefina y yo, debíamos arreglarnos el pelo con nuestra
estilista, pero se postergó hasta el infinito, porque existía un halo de luz
divina que coronaba nuestras cabezas, intocables a algo que no fuesen nuestros
sentimientos más íntimos.
Muchas veces las mujeres,
sobre todo cuando somos poetas, escritoras, o de pensamientos sublimes, necesitamos
ser escuchadas, muchas veces necesitamos ser amadas, pero el ajetreo diario nos
margina y nos hace indispensables en las labores, que nada tienen que ver con
la poesía, la prosa o el sentimiento.
Por eso, una tertulia como la
de este día nos hace plenas, más deseosas de seguir creando, dejando nuestra
huella, aunque sea en la arena, y la borre la ola, en el cielo y que la vuele
el viento… una huella que perdure en un verso, en la matriz de un pensamiento, pero plantar en ella todo
lo que la magia del tiempo puede convertir en semilla y nutrir en el espíritu
una vuelta más a la vida.
Y ahora espero las notas de las demás para seguir, aunque no reunidas, tertuliando estas maravillosas
Mujeres al borde de un poema...